“Anti-Nietzsche. La crueldad de lo político” de Jorge Polo Blanco (Taugenit, 2020)

Jorge Polo juega limpio y pone sus cartas sobre la mesa desde el principio en este ensayo: situándola en el eje (decimonónico) revolución-contrarrevolución, la filosofía política que se puede destilar de la obra de Friedrich Nietzsche, más importante que lo que se suele dar a entender, es profundamente reaccionaria y elitista. Las propuestas políticas que Polo subraya en Nietzsche, las califica de “inquietantes” y en cualquier caso, enemigas de la democracia y el socialismo e incompatibles con cualquier propuesta emancipadora. Nietzsche ha tenido seguidores entre estos últimos, pero también sus grandes apóstoles han sido grandes enemigos de esas propuestas. En el ámbito hispanohablante sobresalen nombres como los de José Ingenieros o el de José Ortega y Gasset.

¿Un pensador alejado de la política y de lo político? se pregunta el primer capítulo. La respuesta es claramente no. En este sentido, Polo reivindica la lectura política de Nietzsche que hiciera György Lukács desde una filosofía marxista a mediados del XX, con la que sintoniza en varios aspectos, y se apoya mucho en el ensayo Nietzsche contra la democracia de Nicolás González Varela, publicado hace diez años.

No abunda la bibliografía sobre la dimensión política de la obra de Nietzsche, especialmente en lengua española. En las últimas décadas se ha procurado extraer esa dimensión política, acudiendo especialmente a sus fragmentos póstumos, como también se realiza en este libro. Quizás no estamos ante una lectura tan heterodoxa como se presenta a sí misma, pero sí una lectura que no encaja con aquellas dominantes en el mundo académico actual, que profesa en muchas ocasiones un culto a su figura y que ha insistido en lo que Polo llama “una exégesis despolitizadora”, y tampoco con esa izquierda intelectualmente (cada vez más) débil que se lo ha apropiado sin leerlo.

Sin embargo, hay algo más que una voluntad de ocultar su legado en materia política o de llevar a cabo un “silencio deliberado”, como el que Polo denuncia en un especialista como Miguel Morey. Resulta difícil no sólo deducir una normatividad política, sino también una propuesta moral concreta del pensamiento de Nietzsche, más allá de lo que llama la “gran política”, que este libro aborda en el cuarto capítulo; es decir, aceptar la moral kantiana, la moral de la convicción, para el rebaño, para aquellos incapaces de decidir por sí mismos los principios, como un instrumento que los poderosos deben utilizar en beneficio del superhombre. Dicho de otra manera, muchos deben vivir la moral del rebaño para que cada cierto tiempo, emerjan ejemplares del hombre superior.

Aunque en ocasiones se hace (para asimilar a Nietzsche al darwinismo social) se echa en falta una mayor contextualización de las afirmaciones de Nietzsche, en el entorno intelectual alemán del XIX, no para matizarlas sino para entenderlas desde su realidad y no desde la nuestra (recordando el célebre proverbio árabe que afirma que “los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”). Polo insiste en la relevancia política de su pensamiento (soslayada por todos los comentadores que analiza: Onfray, Sloterdijk, Vattimo…), llegando a sostener que “solo si asumimos de manera plena su cosmovisión radicalmente reaccionaria, su odio (y su temor) a la revolución social, podremos comprender la coherencia interna del pensamiento nietzscheano”.

Con toda la incomodidad que nos ha generado (y agradecemos porque la incomodidad y la perplejidad son grandes motores del pensamiento), atreverse a mantener el pulso intelectual con Nietzsche es revitalizar su obra, y por eso no podemos más que dar la bienvenida a este texto, ameno y provocador. Si el mundo académico en lengua española tiene aún los nervios despiertos, este libro debería provocar algún que otro movimiento sísmico.

Diego Civilotti – 17/12/2020