Diego Civilotti

“Contra la naturaleza” de Lorraine Daston (Herder, 2020)

Formada en Harvard, Lorraine Daston es directora emérita del Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, y se trata de una autora con una larguísima trayectoria en materia de filosofía de la ciencia, con aportaciones interesantes en cuestiones en torno a lo que llamamos Teoría del Conocimiento. 

Una de sus especialidades es la Ilustración y la modernidad, y en este brevísimo ensayo se refleja, aunque no deja de tender puentes sólidos y documentados con la antigüedad griega. Lo que aquí propone Daston es una antropología filosófica; es decir, una investigación sobre la propia condición humana, que apunte a comprender los procesos racionales por los cuales, los seres humanos buscamos valores en la naturaleza y los proyectamos sobre ella. Es decir, por qué todos aquellos filósofos, especialmente durante la modernidad, que han sostenido que en la naturaleza no hay valores (que la naturaleza simplemente es) como el caso de Hume o Kant, han fracasado. 

Y lo han hecho, hasta el punto de que seguimos buscando en la naturaleza un orden armónico o una autoridad para sostener determinados valores, normas morales o puntos de vista. Daston es muy precisa y rigurosa en el uso del lenguaje y en el orden de su exposición, y necesita pocas páginas para desarrollar un análisis basado en una gran clasificación en las tres formas más influyentes de naturaleza (que generan al mismo tiempo formas de anti-naturaleza): las naturalezas específicas (la forma y las propiedades de las cosas), muy vinculada al griego phisis, a la reproducción y el crecimiento; las naturalezas locales, asociadas a un lugar y a la fisonomía y rasgos de un paisaje (y su vínculo con el carácter de los pueblos); y las leyes naturales universales, un orden permanente e igual en todas partes. La ciencia de las específicas es la taxonomía, la de las locales, la ecología, y la de las universales, la mecánica celeste, cuyo prototipo es la ley de la gravitación universal expuesta a finales del XVII por Newton. Aquí es muy interesante cómo Daston explica, en pocas palabras y con gran claridad, cómo el concepto de ley natural cristaliza en ese momento, producto de una mezcla de teología (con la figura de un legislador divino que pone en marcha una maquinaria en la que después no tiene que intervenir), filosofía natural y matemática. En ello fue fundamental, por supuesto, la aportación de Descartes.

Esto es, a grandes rasgos, lo que se describe en los cuatro primeros capítulos. En el quinto, una vez definidas las tres grandes formas de la naturaleza, se describen las respuestas humanas frente a lo que no entra dentro del orden natural: pasiones con un tinte cognitivo, que llevan a Daston a mostrar un estrecho vínculo entre el quebrantamiento del orden natural y el del orden moral. Órdenes que necesitamos para vivir. Porque como describe en el sexto capítulo, lo más terrible para el ser humano es el caos. Aquello que escapa a cualquier orden. Aunque haya una gran diversidad de normas, dependiendo de la diversidad cultural, toda cultura tiene normas por definición; es todo aquello que nos dice cómo deberían ser las cosas, la idea frente a los meros hechos de la realidad. ¿Por qué no nos conformamos con la normatividad y el orden humano, y tenemos que buscar su fundamento en un orden de la naturaleza?, se pregunta Daston. Si la naturaleza es producto de la creación divina, ya tenemos la respuesta. Pero si no, ¿por qué? La respuesta la da Daston en el séptimo capítulo, y en el octavo ofrece sus conclusiones: nuestra propia estructura que hace posible el conocimiento intuitivo del mundo es la que nos lleva a formular analogías basadas en fenómenos de la naturaleza. Es decir, que nuestra razón, la única forma que conocemos, es razón humana dentro de los propios límites de la especie.

Diego Civilotti – 8/04/2021

“Una poética del exilio. Hannah Arendt y María Zambrano” de Olga Amarís Duarte (Herder, 2021)

Hannah Arendt y María Zambrano son dos grandes pensadoras del siglo pasado, con profundas diferencias, filosóficas, geográficas… pero con algo en común: ambas experimentaron el exilio en su vida, y procuraron darle sentido, pensándolo y pensando sus implicaciones.

A partir de ese planteamiento, Olga Amarís Duarte elabora un diálogo intelectual con tintes biográficos y literarios entre Arendt y Zambrano. Lo que hace Amarís Duarte en este texto publicado en Herder (que es producto de su tesis doctoral) es reseguir una mística del exilio, entendiendo esa mística, como la posibilidad y necesidad de salir de sí mismo en busca del Otro (que puede ser un semejante, o la alteridad más absoluta, el misterium tremendum et fascinans que describía Rudolf Otto en su clásico Lo santo). El exiliado sería aquél que viene de fuera y que pone en cuestión la mirada normalizada de estar y de pensar el mundo, y la vía privilegiada de acceso a la realidad.

Dos “exiliadas en tiempos de oscuridad” es como se presentan, ligadas a un contexto histórico. De eso se ocupa en especial el primer capítulo, titulado “Dos vidas en contrapunto”, donde además de las relaciones personales, sobrevuela el fenómeno del fascismo. Pero también trascendiendo dicho contexto, la dimensión mística del exilio y el propio exilio como premisa de la condición humana. En Arendt, en torno al judaísmo, los símbolos del desierto y la oscuridad, o la importancia de la lengua materna, todos temas tratados en el segundo capítulo. En el tercero, centrado en Zambrano, Amarís ofrece un comentario muy interesante sobre Claros del bosque, texto fundamental de la pensadora malagueña, y un seguimiento exhaustivo de los símbolos en su obra, así como el peso que tiene el pensamiento místico. Y cómo no, en Zambrano, la propia razón poética es una exiliada respecto a la filosofía vencedora, al logos que construye la tradición filosófica occidental. Una vía para integrar pensar y sentir, o incorporar aquello exiliado de la razón filosófica. Tras un cuarto episodio titulado “Creando un nuevo mundo en tiempos de oscuridad” en el que se reivindica la hospitalidad y se abre la puerta a la esperanza, llega un epílogo en el que Amarís imagina un diálogo entre Arendt y Zambrano, en la estación de tren de Portbou, donde Arendt le dice a Zambrano que “la fuerza del pensamiento no puede parar, y menos ahora”.

Se trata de una aportación académica, con una extensa bibliografía y no es un texto ligero ni ágil, pero sí es una de esas lecturas capaces de introducirnos en su mundo y envolvernos en él, en manos de una autora que ha sabido conjugar sensibilidad poética y literaria con finura conceptual y una importante labor de documentación.

Estoy convencido de que la manera más profunda de comprender la historia y el legado filosófico y cultural de occidente es a partir de una apropiación creativa de dicha historia, que nazca del rigor, pero que se permita asociaciones libres entre conceptos y autores. Precisamente eso es lo que practica este estudio comparativo, difícil de clasificar.

Por último, esta poética del exilio tiene también puesta la mirada en nuestra actualidad, y nos invita a pensar la propia condición de exiliados que viven muchos seres humanos, para pensar a partir de ahí una nueva realidad de forma creativa y urgente. La propia portada, un libro gigante que parece una tienda de campaña, bajo la cual un visitante intenta alumbrar, ya nos da pistas y nos da a entender que todos somos un poco exiliados.

Diego Civilotti – 1/04/2021

“El sentido del pensamiento” de Markus Gabriel (Pasado & Presente, 2019)

Pensarás quizás, que este podcast es un poco de Markus Gabriel, y quizás tengas algo de razón. Hemos hablado ya de unos cuantos libros de él, desde el final de la primera temporada, y lo seguimos haciendo. Ya dije entonces, que a mi juicio se trata de un faro en el panorama filosófico actual, y lo sigo manteniendo.

En este caso, Gabriel presenta El sentido del pensamiento como una culminación de la trilogía formada por Por qué el mundo no existe y Yo no soy mi cerebro, aunque no sea imprescindible haber leído los dos anteriores para seguir los argumentos de este; sí es deseable, para tener una mirada más profunda de ellos.

Gabriel asume una definición de la filosofía que la entiende como “una ciencia que reflexiona sobre el pensamiento”, y este en una dimensión sensorial y creativa. En este sentido, el pensamiento, como objeto de este libro, es el punto de encuentro de los objetos de los dos libros anteriores: el mundo y el yo.

Más allá de esta mapa conceptual que vincula los tres libros, hay un hilo conductor que se repite en todos, y que en este aparece ya en el prólogo: su combate contra el naturalismo imperante en la actualidad, que recordemos, es la pretensión de que toda la realidad puede ser comprendida y explicada con los instrumentos de la ciencia y a partir del dominio tecnológico. Y junto a ello, la idea de que el ser humano puede ser superado, tal y como lo defiende en la actualidad el poshumanismo y el transhumanismo, confiando esa superación al desarrollo tecnológico y a la revolución digital.

Una multiplicidad de crisis, o una crisis multifacética, es el punto de partida de esta obra que asume una tarea concreta en el momento actual, cuando diferentes capas que se implican entre sí, están en crisis: la ética, el sistema de valores, entra en crisis, cuando también entra en crisis el suelo sobre el que se apoya, que es la imagen y el concepto que tenemos del ser humano. Por eso, el filósofo alemán aboga por un nuevo humanismo ilustrado, contra una imagen falsa que tenemos hoy de nosotros mismos.

En la introducción, Gabriel anuncia dos leyes antropológicas a partir de las cuales elabora su obra: 1. el ser humano es el animal que rechaza su propia condición. 2. El ser humano es un ser espiritual libre. En ella también se despeja algo la ambigüedad simbólica del título: cuando Gabriel habla de sentido del pensamiento, habla en primer lugar del pensamiento como un sexto sentido junto al oído, la vista o el olfato. De hecho, es el sentido mediante el cual exploramos el infinito, para poder representarlo incluso matemáticamente. Esta premisa, entre otras cosas, le permite desarrollar su argumento contra la posibilidad de reproducir sintéticamente, de forma artificial, el pensamiento humano, porque de hecho es ya en sí mismo una inteligencia artificial.

En el cuerpo central del texto se desarrollan todas estas cuestiones, y se ofrece salidas a los callejones metafísicos y epistemológicos a los que la modernidad y la posmodernidad nos han llevado. El ensayo funciona a modo de aluvión, donde se van acumulando ideas, que después se van relacionando entre ellas. El primer capítulo titulado “la verdad sobre el pensamiento” está dedicado a introducirnos en cuestiones de epistemología de forma muy sencilla; el segundo, a asuntos muy interesantes en torno a la mente y la Inteligencia Artificial, en el tercero se añaden implicaciones de la revolución digital, en el cuarto se establece diálogos muy interesantes entre disciplinas, como la filosofía del lenguaje, la teoría del conocimiento y la filosofía de la conciencia; el quinto y último es una brillante síntesis, que se erige con fuerza contra lo que Gabriel descubre en el poshumanismo: “el intento de eliminar al ser humano”. Unas conclusiones finales nos ponen frente a la crisis de identidad y crisis moral de Europa, y la necesidad de elaborar una filosofía europea que nunca se ha hecho.

Como en otros libros de Gabriel publicados en Pasado & Presente, entre la bibliografía y el índice onomástico, el texto se acompaña de un glosario final, muy generoso, de casi 20 páginas. Una herramienta para “no profesionales” de la filosofía, pero también para que podamos descubrir los matices de la postura de Gabriel en diferentes cuestiones tratadas en el libro.

Estamos quizás, ante el libro más redondo y rotundo de Gabriel, a falta de abordar su última novedad traducida a nuestra lengua, Ética para tiempos oscuros que prácticamente ya se anuncia en estas páginas (“el nuevo realismo tiene un mandato moral”). Es en efecto, la culminación de una etapa en su pensamiento, y el punto de partida para otra que nos aguarda, y que debemos seguir con mucha atención.

Diego Civilotti – 25/03/2021

“Ochenta sombras de Marx, Nietzsche y Freud. Diccionario de filósofos y filósofas en la senda de la sospecha” de Juan Manuel Aragüés (Plaza y Valdés, 2021)

Juan Manuel Aragüés, profesor de filosofía en la Universidad de Zaragoza y gran conocedor del pensamiento contemporáneo, es un autor interesante especialmente por su preocupación por comprender el mundo contemporáneo e intervenir en él. Eso se puede deducir no sólo del contenido de sus obras y de la trayectoria de sus ensayos (algunos más lejanos como De la vanguardia al cyborg, otros más cercanos como El dispositivo Karl Marx. Potencia política y lógica materialista y más aún en el caso de Deseo de multitud) sino también del propio estilo de escritura, directo y apasionado.

También es lo que sucede en esta novedad de Plaza y Valdés, donde con una admirable capacidad de síntesis, Aragüés nos ofrece un breve diccionario de ochenta pensadores que son herederos de lo que Paul Ricoeur denominó, al hablar de Freud y ponerlo en diálogo con Nietzsche y Marx, école du soupçon o “escuela de la sospecha”. La destrucción de una ingenuidad de la conciencia que había inaugurado la subjetividad moderna a partir de la aportación de René Descartes. La sospecha como aquello opuesto a la ingenuidad; el des-encantamiento del mundo en la crisis de la modernidad. No para rechazar el sujeto, sino precisamente para ir a sus raíces, de la misma manera que los surrealistas pretendían descubrir las profundidades de la realidad.

El propio Aragüés es un filósofo en la senda de la sospecha. Articulista habitual del diario El Salto en una columna titulada “El rumor de las multitudes”, hay un ostinato que recorre todas sus reflexiones: pensar las prácticas de construcción de subjetividad en las sociedades contemporáneas, no como simple ejercicio intelectual, sino para plantear construcciones de subjetividad antagónicas, reivindicando la dimensión práctica. Un planteamiento sólo posible a partir de esta tríada, y en especial de la obra de Karl Marx.

En este caso, se trata de un libro de consulta con afán divulgativo, que abarca todo el eco de Marx, Nietzsche y Freud desde finales del XIX hasta hoy. La tarea no es fácil, porque a diferencia de autores sobre los que existe una tradición hermenéutica asentada, entre estas “ochenta sombras” hay nombres en activo sobre los que el autor ofrece una presentación, una imagen en movimiento, como es el caso de Michel Onfray, Slavoj Žižek o Judith Butler.

Destaca el artículo dedicado a Cornelius Castoriadis, donde se subraya tanto su perspicaz crítica al capitalismo como su brillante lectura de la antigüedad griega, así como todas aquellas obras que nos ponen al día en el pensamiento feminista, como las de Rosi Braidotti, o la mencionada antes, Butler. Al final de cada autor se hace algo imprescindible en toda formación filosófica: poner en relación cada autor con otros autores.

Un libro particular en la producción de Aragüés, con una cierta asepsia que parece intencionada, no porque evite el juicio crítico (que lo practica, señalando falta de rigor o contradicciones cuando las detecta en los autores; y al fin y al cabo, toda selección implica juicio y discriminación) sino en el sentido de que no se corona este listado con ningunas conclusiones o reflexiones finales, en contraposición con el enfoque y la praxis habitual del autor. Las conclusiones o la praxis que derivemos de este paisaje quedan en nuestras manos. Una invitación que celebramos y aplaudimos.

Diego Civilotti – 18/03/2021

“La revolución inacabada de Einstein. Más allá de la física cuántica” de Lee Smolin (Pasado & Presente, 2020)

Una de los retos más difíciles y necesarios en la actualidad es el de fomentar una divulgación de calidad, que no apueste por rebajar o degradar los contenidos, sino por enseñar puentes que permitan cruzar, al que esté dispuesto a poner algo de esfuerzo, al otro lado. Ese es el gran mérito de Lee Smolin en su trabajo, y también en este libro de título provocador.

Lo he explicado en algún episodio, pero lo repetiré las veces que sea necesario. El conocimiento es indivisible por naturaleza y la filosofía está más allá o más acá de la división entre áreas de conocimiento. Especialmente en el caso de la física: ningún filósofo que se considere tal, puede hoy ignorar las implicaciones filosóficas de la física cuántica, teniendo en cuenta el profundo impacto que han producido en el pensamiento y la teoría del conocimiento del siglo XX.

Nunca estaremos suficientemente agradecidos a autores como Lee Smolin, físico formado en Harvard y que ha sido profesor en distintas universidades de prestigio, como la de Yale o la de Pensilvania, por lanzarse a pensar y explicar las implicaciones filosóficos de su trabajo, y además hacerlo de manera sencilla y atractiva, salvando el gran aparato de matemática avanzada que sostiene sus investigaciones, y utilizando palabras e imágenes para expresar fenómenos del mundo cuántico.

“Creo que puedo decir con toda tranquilidad que nadie entiende la mecánica cuántica”. Esta afirmación de Richard Feynman es una de las dos citas, que uno se encuentra al abrir este libro, tan perturbadora como al mismo tiempo reconfortante. Tras ello, el prefacio comienza con una afirmación casi schopenhaueriana: donde el filósofo alemán decía, “mi mundo es mi representación”, Smolin escribe que confundimos “nuestras representaciones del mundo con el mundo en sí mismo”. Un texto brillante y una profunda lección de teoría del conocimiento, donde el autor avanza a través de preguntas: ¿qué es la materia, qué es un átomo, qué es un electrón…? El problema, nos dice Smolin, es que la respuesta más desarrollada a esas preguntas es la física cuántica, que genera muchas más preguntas sin respuesta.

Lo más apasionante, y que este libro describe con brillantez, es que la mecánica cuántica es una teoría incompleta que debe ser superada. El objetivo es dar con una descripción del mundo con sentido a escala atómica, y para ello Smolin quiere deshacer esa imagen de misterio que rodea el mundo cuántico, partiendo de la misma postura metafísica que Einstein (porque como él considera que la mecánica cuántica debe ser superada), pero ampliando su aportación.

El libro se divide en tres grandes bloques: “Una ortodoxia de lo irreal”, “El renacimiento del realismo” y “Más allá de lo cuántico”. Los tres primeros capítulos de la primera parte, nos aportan las armas necesarias para poder comprender después, de forma resumida, las distintas propuestas dentro de la teoría cuántica. A partir de ahí, el recorrido es muy completo, hasta llegar a la tercera parte, donde se exponen los principales intentos de unificar la teoría cuántica con la gravedad y el espacio-tiempo.

No entraré en detalles porque eso implicaría entrar en terminología, y haría parecer el libro menos claro de lo que es: para ser claro en algo, hay que saber mucho de ello, como sabe Smolin. Esta edición además, viene acompañada de un glosario de conceptos muy útil para consultar, por si en algún momento de la lectura nos encontramos con cosas como el Colapso de la función de onda o la Constante de Planck. Y también con una bibliografía muy completa, para seguir investigando y aprendiendo sobre la historia de la física cuántica.

Por último, Smolin, que es un gran científico de nuestra época, ofrece una imagen científica de la ciencia, y no cientifista, como la que tenemos que soportar cada día en los medios de comunicación, en consonancia con el espíritu estrecho de nuestra época: “siempre es de ayuda un cierto sentido de humildad ante los misterios esenciales del mundo, pues aquellos aspectos que conocemos se vuelven aún más misteriosos cuando los examinamos en detalle”. Gracias, profesor Smolin.

Diego Civilotti – 11/03/2021

“Peregrinos del absoluto. La experiencia mística” de Rafael Narbona (Taugenit, 2020)

Este es el título del libro que nos ponemos en el bolsillo este episodio. Uno de esos títulos que se salen algo de la tendencia general que sigue esta sección, y que especialmente por eso me parecen tan interesantes. Editado en Taugenit, su autor es Rafael Narbona, profesor de filosofía además de crítico de arte, literatura, cine… un autor muy inquieto y totalmente transversal en su trayectoria y en su mirada.

Quizás me equivoque, pero precisamente esa vinculación con la literatura y el arte se me ocurre como uno de los motores de su interés por la vivencia mística. En cualquier caso, a veces sorprende que la filosofía tenga algo o mucho que ver con la mística. Y más allá de que a la filosofía le atañe todo, la experiencia mística es un asunto filosófico de primer orden por sí mismo, además de las implicaciones filosóficas que podamos deducir de la literatura mística. De hecho la mística es un gran desafío para el logos, puesto que tiene que ver con una vivencia frente a la cual la razón se revela totalmente impotente. Diríamos que incluso pequeña, mezquina, inocua. Y además, se trata de una vivencia para la cual no hay lenguaje posible. Sin embargo, se comunica, aunque sus palabras se vayan hacia lo que no dicen, como sostenía Michel de Certeau en La fábula mística, un clásico de la materia.

Narbona nos revela (velando y desvelando a la vez) mucho de eso en una introducción breve y concentrada pero espléndida, titulada “la llama mística” que comienza con una premisa contundente expresada con acento heideggeriano: “La llama mística sigue viva en la época del eclipse de Dios”. Al fin y al cabo, siguiendo lo que nos recuerda el autor, lo místico también tiene que ver con el fundamento de todo lo que hay, que en última instancia no podemos ver, nombrar o comprender con las herramientas habituales.

Pero el título en plural nos habla -acertadamente- de peregrinos, alguien que está de paso y que transita por tierras extrañas, donde el propio camino es más trascendental que la llegada. Narbona apuesta por ampliar una concepción estrecha de la mística, que va más allá de un aspecto dentro de una tradición religiosa, para entenderla como una experiencia del absoluto (sea esto lo que sea) para la cual no tenemos conceptos (de ahí este interés por el arte, la poesía y la música al que hacía referencia). Y eso le permite reunir a figuras como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Thomas Merton, con Emile Cioran, Rilke y Bataille.

El planteamiento de Narbona es muy agudo, y resulta cercano a lo que Roland Barthes hizo con Fourier, Loyola y Sade, cuando los reunió en un ensayo porque los tres -pese a ser un socialista utópico, el fundador de la Compañía de Jesús y el escritor maldito que exploraba los límites de la perversión- fueron 3 “logotetas”, es decir, fundadores de lenguaje, que hacían las mismas operaciones: aislarse, articular, ordenar y teatralizar. De hecho, Narbona barajó a Sade y lo descartó.

Eso también está en los 12 testimonios que el autor reúne y más que analizar, los presenta e invita a leer. Capítulos breves que nos dejan con la miel en los labios. Porque estamos sobre todo frente a un libro que contagia entusiasmo por descubrir más de las figuras que desfilan ante nuestros ojos: seguir a Teresa de Jesús desde sus inicios como carmelita hasta convertirse en un ejemplo de “socratismo cristiano”; acompañar a Juan de la Cruz por la noche oscura y en ese silencio tan expresivo de Dios; la apuesta por la eternidad y el riesgo de Pascal; y así pasar por Unamuno como un místico que cumple los requisitos del místico (libertad, inconformismo, fervor, sinceridad), por la mística de Simone Weil como “un signo de esperanza entre los escombros de un mundo desencantado” y no esquivar la turbulencia provocadora de un Cioran que se hunde en la Nada (y al que Narbona prácticamente despedaza…).

Escrito con un estilo fluido y claro, este surtido de peregrinos del absoluto es también un canto de esperanza, escrito en cierto modo a contracorriente de una época, la nuestra, dominada por el cientifismo y el naturalismo. No un fuga mundi en tiempos difíciles sino precisamente lo contrario: un viaje al centro del mundo, a sus raíces, e incluso a sus semillas, que necesitan oscuridad para dar fruto. Y en esa medida también, una puerta para imaginar un futuro posible, para “habitar la realidad de otra manera”. Pero mientras, disfrutar del camino y contemplar la belleza, algo que Narbona no olvida en su uso de la palabra.

Diego Civilotti – 4/03/2021

«Maquiavelo. Lecturas de lo político» de Claude Lefort (Trotta, 2020)

De Maquiavelo hemos hablado en varios episodios de FdB, así que poco puedo ampliar aquí. Me remito a los episodios en los que hemos hablado de él esta temporada, especialmente a partir del 40, al tratar la separación de ética y política. En este caso, hablamos de un gran clásico de la filosofía política, como es el estudio que el filósofo francés Claude Lefort publicó sobre Maquiavelo en 1972, producto de su tesis doctoral, en su segunda edición para la Editorial Trotta.

Cuando Lefort publica este trabajo, lleva dos décadas estudiando a Maquiavelo. Una trayectoria muy interesante, porque Lefort procede del marxismo y elabora una crítica de esa tradición de la que procede a la luz de la obra de Maquiavelo, y de una categoría que llama lo político, la concepción política de la sociedad. Para Lefort toda comunidad humana se divide entre poder y sociedad, el deseo de dominar por un lado; y el deseo de no ser dominado, por el otro, fuera de la reconciliación a la que apunta esa tradición que viene de Hegel y de Marx y de la que se aparta para poder acercarse a conceptos que se habían olvidado o simplificado. Y especialmente, como Lefort lee en Maquiavelo, que el conflicto no será nunca superado o reconciliado; siempre existirá el antagonismo.

La potencia de esta obra, más allá de haber sido capaz de implantar una forma de acercarse al pensamiento de Maquiavelo, es la capacidad de mostrar la actualidad de su filosofía política: la capacidad que sigue teniendo para mostrar nuestras lagunas y para ofrecernos herramientas de crítica. Lefort es capaz de mostrar, recorriendo las páginas de El príncipe y los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, cómo la obra de Maquiavelo desvela los resortes del poder, y el sentido de las acciones de los gobernantes.

Un libro dividido en 5 capítulos extensos: el primero, una presentación -plenamente vigente- de lo que ha significado y significa el maquiavelismo; un capítulo que analiza lecturas que se han hecho de Maquiavelo desde lugares distintos (Antonio Gramsci y su interpretación en clave marxista y Leo Strauss y su análisis del discurso); tercer y cuarto capítulos dedicados a leer El príncipe y los Discorsi; y un quinto capítulo de recapitulación y ampliación. El volumen se completa con una entrevista interesantísima que le hizo el profesor Esteban Molina a Claude Lefort en el año 2009, donde el francés aporta muchas pistas para tomar a Maquiavelo como punto de partida para pensar lo político hoy.

Se trata de una lectura avanzada, de ampliación, para degustar lentamente y con mucha paciencia, pero imprescindible si uno quiere navegar en profundidad tanto en la obra de Maquiavelo, como en lo que ha implicado para el pensamiento político posterior y el impacto que ha tenido en la filosofía política contemporánea. Y también para ser capaz de entender las sombras de las democracias modernas, donde también el deseo de conservar el poder a cualquier precio, o el deseo de un poder sin límites existe, aunque se vista con discursos y retóricas absurdas.

Diego Civilotti – 25/02/2021

“Acción y poder de la imagen. Agencia y prácticas icónicas contemporáneas” de Ana García Varas (Plaza y Valdés, 2019)

Así se titula un volumen colectivo, editado en Plaza y Valdés y coordinado por Ana García Varas, profesora titular de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Zaragoza, cuyas líneas de investigación giran en torno al estudio filosófico de la imagen.

Bien es sabido, y lo hemos explicado muchas veces en Filosofía de Bolsillo, que la imagen es algo sospechoso e incluso peligroso para ciertas tradiciones filosóficas occidentales (ontológicamente, una representación secundaria de la realidad) pero también algo filosóficamente interesante. Por otra parte, uno de los tópicos de la cultura contemporánea, es hacer referencia a que vivimos en la era de las imágenes.

La profesora García Varas toma este punto de partida -en lo que se ha llamado “giro icónico” (iconic turn) de los estudios humanísticos a partir de los años noventa, pero enseguida nos señala el enfoque al que alude el texto, la exploración de la acción y el poder de la imagen. En las primeras líneas de la introducción, ya nos recuerda que “desde hace siglos las imágenes han estado vinculadas al poder, no sólo reflejándolo y permitiendo su expansión, sino también pareciendo cobrar vida, encarnándolo y ejerciéndolo”.

Sin embargo, no se reduce a la lectura ideológica o política. El objetivo es estudiar lo que se denomina “acción icónica”. Es decir, “las formas de acción, de, con, y en imágenes”, las formas de intervenir en la realidad mediante imágenes. Esto puede parecer muy abstracto, pero pensemos por un momento en la cantidad de imágenes que nos rodean, en la publicidad o en los memes que vemos en redes sociales o nos envían al grupo de whatsapp de turno. Todo lo que ponen en movimiento las formas de creación y de relato con imágenes, más que con palabras. De hecho el libro se propone trascender nuestra idea de la imagen como simple vehículo de significado para pensar una relación más sutil con las imágenes. También se ocupa de analizar cómo sucede eso en el arte contemporáneo, porque nos sugiere nuevas formas de relacionarnos con las imágenes, y por último, el papel de la imagen que las nuevas tecnologías han traído, con todas sus implicaciones sociales y políticas. En este último apartado, es muy interesante el concepto de imagen digital y su relación con la obra plástica.

El estilo del libro es académico; no podía ser de otra forma, cuando su origen es un congreso universitario, el Encuentro Imágenes en acción: relaciones sociales y poder icónicos. Hay algunos capítulos más técnicos, especialmente aquellos que hacen revisiones críticas de otros trabajos académicos, pero también está repleto de textos muy sugestivos y claros en la exposición, que empujan a pensar cuestiones que damos por supuestas. Nueve aportaciones, nueve artículos, que abren caminos para pensar el mundo que nos rodea, más allá y más acá de las imágenes.

Diego Civilotti – 18/02/2021

“Cambiemos de vía. Lecciones de la pandemia” de Edgar Morin (Paidós, 2020)

Edgar Morin es uno de los pensadores destacados del siglo pasado y uno de los más relevantes entre los vivos, en su caso a punto de cumplir los 100 años el próximo 8 de julio. Y el hombre sigue trabajando, sigue escribiendo y sigue pensando el contexto que le rodea.

Entre sus principales aportaciones, podríamos hablar de ofrecer una alternativa a las corrientes dominantes en el mundo académico, del proyecto de repensar la educación desde los años noventa hasta hoy, cuando es uno de los referentes para pensar lo que la UNESCO ha llamado la agenda 2030, y el hecho de ofrecer grandes relatos sobre la situación actual de la humanidad. Pero por encima de todo, su gran aportación es la del llamado “pensamiento complejo”, que para resumirlo en pocas palabras, asume filosóficamente la introducción de la incertidumbre y el azar a partir de la crisis de la física a principios del XX, de tal modo que podamos pensar las implicaciones que esto tiene en nuestra propia noción de conocimiento.

Toda su experiencia la pone al servicio de un último esfuerzo, para publicar Cambiemos de vía. Lecciones de la pandemia traducido en Paidós, con la colaboración de su mujer, la socióloga Sabah Abouessalam, y que salió a la luz el pasado mes de noviembre. La pandemia, como coyuntura histórica actual es, como dice Morin, algo que le sorprende pero al mismo tiempo algo que confirma sus ideas, que han girado en torno a las grandes crisis sociopolíticas y a la propia noción de incertidumbre. Algo la epidemia ha puesto en primer plano en todas sus formas y dimensiones. También ha puesto de manifiesto una crisis de la inteligencia, que Morin diagnostica, recurriendo al pensamiento complejo, capaz de hacer frente a las carencias del conocimiento y el pensamiento durante esta crisis, incapaz de entender las complejidades, obcecado en compartimentar los saberes: lo sanitario, lo económico, lo ecológico, lo nacional y lo mundial.

Las primeras páginas del libro, breve y escrito en un estilo directo y sencillo, se dedican a trazar una síntesis de la trayectoria histórica que nos ha conducido hasta aquí, narrada en primera persona porque Morin vivió todo lo que describe. Comienza con la gripe española porque él fue víctima indirecta de ella. Su madre, que tenía una lesión cardíaca causada por esa epidemia, tenía prohibido tener hijos. De hecho hubo un primer aborto clandestino, pero el segundo intento no funcionó, y nació el pequeño Edgar. El ginecólogo salvó a los dos, pero cuando Morin tenía 9 años, la madre murió a causa de esa lesión cardíaca. Como dice él mismo, “noventa y nueve años más tarde es el coronavirus, descendiente indirecto de la gripe española (H1N1), el que ha venido a proponerme un encuentro que se frustró el día en que nací”.

Tras esa epidemia, Morin sigue adelante atravesando acontecimientos vividos y pensados a la vez, en pocas líneas y a vista de pájaro: la crisis del 29 y la depresión, el ascenso del nazismo, la Segunda Guerra Mundial, la crisis del comunismo, mayo del 68, la crisis ecológica…

Tras esa introducción, el ensayo se divide en tres capítulos. El primero se titula “Las quince lecciones del coronavirus”: quince lecciones breves pero contundentes sobre distintos ámbitos. El segundo, “Los desafíos del poscoronavirus”, nos habla de ocho desafíos y un peligro (una gran regresión intelectual y política), y por último el tercer capítulo es la parte propositiva, titulada “Cambiar de vía”, donde Morin formula propuestas concretas, como una transformación de una democracia parlamentaria a formas de democracia participativa, y hace un llamamiento a tomar partido y aceptar la apuesta de transformar el mundo.

Da que pensar, francamente, que alguien que ha vivido y pensado todo eso durante tantos años, aún tenga una palabra para la construcción del futuro. No hablo de algo tan etéreo e irracional como la esperanza, sino de la posibilidad de extraer lecciones de lo que nos sucede. Todo nace de la resistencia contra las dos barbaries que identifica: la vieja del odio y la xenofobia; y la nueva del cálculo y el beneficio que somete a todos los valores.

Diego Civilotti – 11/02/2021

“Parerga y Paralipómena II” de Arthur Schopenhauer (Trotta, 2020)

Si los inquisidores y censores actuales leyeran el segundo volumen de estos Parerga y paralipómena de los que ya hablé la semana pasada, procederían a prohibir Schopenhauer y todo lo que recuerde a él. Por suerte los inquisidores y censores de hoy son tan indeseables como los de antes, pero a diferencia de los de antes, son analfabetos y no suelen abrir un libro.

La cuestión es que en este segundo volumen encontramos el Schopenhauer más polémico, en ocasiones menos filosófico, en la medida en que se involucra más en opiniones personales que en razonamientos, con algunas sombras aunque haya más luces (como dice Pilar López de Santa María en la introducción) lo cual sin embargo tampoco nos debe hacer olvidar sus sombras cuando habla de los negros o de las mujeres.

En cualquier caso, se trata de una gran ensalada de textos; más que ensayos, pensamientos, o ensayos en el sentido literal de “tentativas”, acerca de los temas más variopintos. Eso no significa menos brillantes. Son en conjunto 31 capítulos, 31 piezas, que no tienen desperdicio, donde además se puede apreciar la inmensa cultura científica y artística enciclopédica de Schopenhauer, y un último apartado dedicado a versos, o “ensayos poéticos”, como los define López de Santa María.

Podemos dividir el volumen en dos grandes partes: 15 capítulos que se ciñen al ámbito filosófico (teoría del conocimiento, metafísica, ética…) y 15 de temas variados más un capítulo de metáforas, parábolas y fábulas, y unos versos de Schopenhauer con más valor de curiosidad que valor literario.

Ya el primer capítulo es una lección magistral de lo que significa la filosofía y ser filósofo, que nos haría descartar fácilmente al 80% de los que van por el mundo diciendo que son filósofos. A partir de ahí, aborda diferentes ámbitos de la filosofía. El sexto capítulo, titulado “Sobre la filosofía y la ciencia de la naturaleza” es una verdadera joya, que no sólo nos permite comprender la profundidad y extensión del concepto de Voluntad, sino comprobar que Schopenhauer estaba muy al día de la investigación científica, en materia de física o de biología. En él habla de esas disciplinas, además de astronomía o medicina. Por último, sus metáforas, parábolas y fábulas anticipan su discípulo Nietzsche, tanto en contenido como en estilo.

La edición de Trotta de estos dos volúmenes es magnífica, de esas que quizás se vean por desgracia cada vez menos, y la traducción, introducción y notas de Pilar López de Santa María, como ya mencionamos a lo largo de dos semanas en el podcast, la convierte en la edición de referencia en nuestra lengua.

Diego Civilotti – 4/02/2021