reseñas

“El principio de angustia” de Fernando Pérez-Borbujo (Herder, 2022)

Como dice Fernando Pérez-Borbujo en su texto, es una “impertinencia” proponer una filosofía de la angustia después de Schellin, Hegel, Kierkegaard, Freud, Heidegger, Lacan, Sartre y Sloterdijk. El autor lo hace vinculándola a una filosofía del principio, teniendo en cuenta la polisemia de este que en alemán se distingue; principio como inicio (Anfang), y como principio superior (Prinzip). 

El ensayo se divide en tres grandes partes, dedicadas a las tres dimensiones de la angustia, nacimiento, libertad y muerte (“una triple angustia de una triple facultad de un principio único”, p. 51), precedidas de una serie de preámbulos. En ellos el autor refina los conceptos que después desarrollará, y presenta el espacio en el que se desarrollarán esas dimensiones: el marco de las “edades del hombre”, para presentar una lectura diferente a las que han dominado desde el idealismo alemán al existencialismo, que comprendían la angustia desde el fin y la muerte. En cada una de esas edades entre el nacimiento y la muerte (infancia, juventud y vejez) predominará una de las tres dimensiones de la angustia que se va desarrollando gradualmente (infancia ligada al nacimiento, juventud ligada a la libertad, vejez ligada a la muerte). Freud y Sloterdijk serán las referencias importantes de esta primera parte.

La segunda parte dedicada a la libertad, arranca con un capítulo dedicado a la reflexión ética, teniendo en cuenta que se trata del fundamento de la dimensión moral y religiosa del ser humano. En esta parte, el existencialismo tiene cierto peso pero las referencias son mucho más heterogéneas, desde la filosofía antigua hasta el pensamiento cristiano, que culmina en un iluminador sexto capítulo dedicado a la angustia religiosa y el absoluto, donde la referencia a la antropología de Søren Kierkegaard es inevitable.      

Es en la tercera y última parte donde la acotación temporal es más estricta, porque Pérez-Borbujo nos recuerda que es entre mediados del XIX y principios del XX cuando nos encontramos “con una angustia que hasta entonces parece haber estado escondida” (p.203): la angustia del fin. Todo ello tiene raíces históricas muy anteriores que el autor no deja de señalar, pero se ocupa de la forma que toma esa angustia en la crisis de la modernidad, que en alguna ocasión ha sido definida como la era de la angustia y donde destacan aportaciones como la de Martin Heidegger. Esta parte nos ofrece una amplia reflexión sobre la muerte, que arranca con una aclaración conceptual sobre los tres sentidos que tiene la palabra “fin” en nuestra lengua: como finalidad, como destino, y como cese, término (el aspecto más enigmático y trágico). Una “angustia múltiple” (p.224) la de la muerte -la de la inteligencia, el deseo, lo nacido, la experiencia…- por la que el autor nos pasea hasta llegar a un noveno capítulo que le sentido, no sólo a esta parte, sino a todo el libro. En él, el autor descubre las raíces de la esperanza en la angustia, “una constante de la condición humana” (p.245), que da como fruto utopías, distopías, sueños… para ligar el principio con el fin. 

El texto se completa con tres excursos al final de cada parte, y un epílogo donde se expone el principio de angustia, en diálogo crítico con la tradición, como una doctrina metafísica que nos recuerda que “sólo una vida angustiada puede llegar a ser una vida esperanzada” (p.279). Antes de la bibliografía, un apéndice cierra el libro, muy didáctico para entender el arco histórico desde el idealismo alemán hasta la crisis de la modernidad que se despliega en el siglo pasado. 

Sólo teniendo un sólido conocimiento de la tradición filosófica, especialmente de la modernidad, se puede afrontar con garantías una tarea como la que afronta este ensayo. Y Pérez-Borbujo no sólo la tiene, sino que su esfuerzo pedagógico y estilo depurado nos permite disfrutar del trayecto, con un trabajo apasionante.

Diego Civilotti – 19/05/2022

“Habermas ante el siglo XXI” de César Ortega Esquembre (Tecnos, 2021)

Desde hace tiempo se habla del exceso de producción académica, que ha ido en detrimento de la calidad y el interés de lo producido. En el caso de las tesis doctorales, requeriría un análisis en sí mismo. No es el caso de esta tesis convertida en libro, donde César Ortega Esquembre ofrece una mirada panorámica del devenir de la Teoría Crítica de la sociedad desarrollada por la Escuela de Frankfurt, desde Karl Marx hasta Rahel Jaeggi. 

El título alude al objetivo del trabajo, el estudio de la relación entre crítica y normatividad en la Teoría Crítica en general, y de Habermas en particular, como representante de una etapa de esta escuela de pensamiento, muy dedicada a ofrecer modelos normativos. La fundamentación de la crítica es la gran cuestión del pensamiento contemporáneo, y César Ortega dedica la introducción a trazar una genealogía de las propuestas de la Teoría Crítica en diferentes estadios históricos, cada una con un contexto muy diferente: (1) Marx y la filosofía materialista de la historia (2) la autocrítica de la razón de Adorno y Horkheimer; (3) La teoría de la acción comunicativa de Habermas y (4) la teoría de la lucha por el reconocimiento de Honneth. En paralelo a ello, cuatro grandes etapas históricas: la primera hasta la Primera Guerra Mundial; la segunda, durante las dos guerras mundiales; la tercera, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta final de los años setenta; la última, desde entonces hasta hoy, la era “neoconservadora”. 

En el primer capítulo, Ortega analiza los presupuestos teóricos de los orígenes de la Teoría Crítica de la sociedad, centrándose en la problemática de la normatividad; esto es, en la dificultad por llegar a establecer unos criterios normativos y racionales, desde la auto-crítica de la razón a la que se procura desarmar (lo que conduce a una aporía). A continuación, analiza la influencia de ese primer periodo en el joven Habermas, y cómo este procura dar respuesta a esas dificultades a partir de una corrección de la filosofía del sujeto desde la filosofía de la intersubjetividad y su teoría de la evolución social. En el tercer capítulo, se ofrece el estudio central del ensayo, sobre la versión de la Teoría crítica de la sociedad habermasiana, mientras en el cuarto se analiza el Habermas posterior a la «Teoría de la acción comunicativa» y sus estudios en el ámbito de la epistemología, la ética y el derecho y la política. Finalmente, en el quinto capítulo se recoge el enunciado del libro, y se recoge la proyección de la teoría de la acción comunicativa de Habermas; es decir, la producción teórica de pensadores que parten de una lectura crítica de la obra de Habermas, y de su concepto de racionalidad comunicativa no deformada: Axel Honneth, Adela Cortina, Rainer Forst, Rahel Jaeggi y Hartmut Rosa. 

Hablar de la Teoría Crítica, es hablar del corazón intelectual del siglo XX. Hablar de las raíces y la proyección del pensamiento de Habermas, uno de sus principales representantes, cuya obra se proyecta hacia el futuro, es llegar al corazón de ese corazón para procurarse una brújula en el siglo de la desorientación. César Ortega lo logra con un trabajo sistemático y profundo, un verdadero punto de referencia en nuestra lengua al que acudirá seguro, cualquier interesado en la cuestión.

Diego Civilotti – 19/05/2022

“Las ideas filosóficas de Marx” de Eduardo Álvarez (Tecnos, 2021)

La figura de Karl Marx es una de aquellas figuras enormes, que van y vienen como un péndulo a lo largo de la historia. Siempre influyentes y discutidas, pero siempre pagando el precio de ser ensombrecidas y distorsionadas por –ismos y elementos ajenos a su propia obra.    

El profesor Eduardo Álvarez no sólo tiene un gran conocimiento del pensamiento del siglo pasado, sino también de las raíces filosóficas de Marx, que van desde los albores de la Ilustración al hegelianismo. Uno de sus principales intereses, materializado en un Grupo de Investigación en la Universidad Autónoma de Madrid, es la pregunta por el origen y génesis del pensamiento contemporáneo. Y eso encontramos también en este trabajo respecto a Marx; una lectura que exige cierta familiaridad con conceptos de la tradición, pero también de gran fluidez y claridad. Y que al mismo tiempo, descubre prejuicios asentados en foros y espacios académicos, como es el de presentar la filosofía de la historia de Marx desde un determinismo influido por la tradición judeocristiana, más allá de su optimismo, como el de Engels, en las posibilidades emancipatorias de las sociedades bajo la brújula del espíritu ilustrado (p.147). 

En primer lugar, en un capítulo dedicado a reivindicar el Marx filósofo, heredero de la tradición moderna, en su doble vertiente teórica y práctica, y la enorme influencia de Hegel, el filósofo omnipresente cuando se encontraba estudiando filosofía en Berlín. A partir de ello, el ensayo recorre distintos aspectos cardinales para entender el lugar y la dimensión del pensamiento de Marx. La antropología, donde el ser humano se define desde el trabajo y se piensa con y contra Hegel y Kant; el valor de la praxis, donde se analiza la compenetración entre teoría y práctica en discusión con el idealismo; el peso de la dialéctica para entender la crítica que Marx hace de la metafísica; el análisis de la sociedad, la economía y la historia bajo la óptica materialista, donde tiene protagonismo El Capital (1867); los esbozos de teoría política sobre la democracia y la libertad; y finalmente, el individuo entendido como producto de la sociedad y la historia. Aquí cristaliza algo que recorre todo el texto, y es el pensamiento de Marx sobre la conciencia, entendida como resultado del “ser social”, de una estructura de relaciones materiales. La conciencia es de hecho “parte de la realidad frente a la que ella misma se sitúa” (p.32). 

Álvarez es capaz de iluminar con mucho detalle todos los rincones del pensamiento de Marx y discutir con argumentos sólidos a grandes comentaristas de su obra: tal es el caso de Althusser, Lukács, Gramsci o el propio Lenin, un teórico de primera hora. Pero también recoger, desde una lectura crítica, la producción teórica actual sobre Marx, en autores como Moishe Postone o Jürgen Habermas.

Diego Civilotti – 28/04/2022

“El problema de la consciencia” de Miguel Ángel Sebastián (Cátedra, 2022)

En muchas ocasiones, la literatura académica filosófica en nuestra lengua tiene grandes lagunas. Tal es el caso de los estudios teóricos actuales sobre el problema de la consciencia y la relación mente-cuerpo. Este ensayo de Miguel Ángel Sebastián, especialista en ciencias cognitivas y filosofía de la mente e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, se propone subsanar esa laguna, desde las armas teóricas de la filosofía analítica. 

Lo hace con un trabajo muy sistemático y exhaustivo, fruto de la experiencia investigadora del autor, que sitúa al lector rápidamente en el estado de la cuestión, sin dejar de ofrecer el contexto del que surgen los debates actuales, con especial atención a lo que David Chalmers llamó “el problema difícil de la consciencia” (The hard problem of consciousness), acerca de cómo surge la conciencia en un universo hecho de materia y energía y cómo son posibles los estados mentales. 

Ha habido y hay muchos intentos de llegar a una comprensión científica de la consciencia, pero todos tienen un trasfondo filosófico que desentrañar. Tras un primer capítulo -”Consciencia”- de gran valor didáctico para situarse en la cuestión, el autor lo hace en este texto en un recorrido por diferentes posturas (con especial detalle, la postura materialista en el segundo capítulo, y las objeciones a esta en el tercero, donde resume los argumentos de dos autores esenciales en la cuestión: Saul Kripke y David Chalmers). A partir de esto, en el cuarto capítulo se presentan, con gran exhaustividad, las tres grandes posiciones en relación a la naturaleza de la conciencia y la relación cuerpo-mente: el dualismo, el panpsiquismo y el materialismo, todos ellos con su propias ramificaciones (como sucede por ejemplo, dentro del dualismo, entre el epifenomenismo y el interaccionismo, que piensan la relación entre lo material y lo inmaterial de manera diferente). Finalmente, en el capítulo quinto, Miguel Ángel Sebastián recupera “el problema difícil” de Chalmers para presentar su propia concepción, cercana al materialismo, y discutiendo autores de referencia en la actualidad, como son Michael A. Cohen o Daniel C. Dennett. 

 Sin esquivar ninguna de las grandes cuestiones en torno al estudio de la consciencia, es un trabajo muy didáctico, en la medida en que ofrece herramientas de garantías para entender el debate actual, y a partir de ahí, poder desarrollar una investigación apoyándose en la numerosa bibliografía que lo acompaña. Una lectura imprescindible para acercarse de manera rigurosa al problema de la consciencia, uno de los campos más apasionantes y de mayor vigor en la filosofía actual.

Diego Civilotti – 21/04/2022

“El sentido de la libertad. Cómo construir una autonomía responsable” de Carlos Blanco (Taugenit, 2021)

Carlos Blanco es una mente tan brillante y activa como precoz, que a sus 36 años de edad cuenta con un gran número de publicaciones, además de haberse formado como filósofo, químico y teólogo, y ser Doctor en Filosofía y en Teología, profesor de la Universidad Pontificia Comillas. El sentido de la libertad es uno de sus últimos trabajos, un ensayo de lectura exigente, que al mismo tiempo se presenta como una amplia introducción a los principales temas que giran en torno a la idea de libertad.  

El punto de partida del texto es la demoledora frase con la que se abre: “si el universo no manifiesta interés alguno en mí, ¿por qué debo actuar moralmente?”. Es el primer capítulo, titulado “La libertad y el universo físico”, quizás el más redondo del ensayo. En él, Blanco muestra sus cartas y sus premisas teóricas, en aspectos que recorren el ámbito de la teoría del conocimiento, haciendo dialogar con agilidad y rigor, la filosofía con las ciencias. En la última sección de ese primer capítulo, dedicada a la voluntad como potencia creadora de sentido, ya se tienden puentes hacia el segundo capítulo, “La libertad y la ética”, donde se apuntalan conceptos éticos tras presentarnos como un objeto de la naturaleza, gobernada por leyes ciegas “antes los esfuerzos morales”, y en el centro de una profunda contradicción que convierte la normatividad ética en un reto: “¿cómo saber qué es lo correcto en cada caso?” (p.116). 

La referencia a Kant en este aspecto, es obligada, en relación a la búsqueda de principios a priori de los juicios morales. Blanco describe las debilidades de ese proyecto, y la insuficiencia tanto del formalismo como del consecuencialismo, cuyas posturas sintetiza; en el propio Imperativo Categórico encontrará rastros de lo que pretende combatir: el principio de utilidad. El examen crítico se extiende a otros autores como Hume y Leibniz, y a numerosos conceptos de la tradición que han sido influyentes, para desembocar en un análisis de la autonomía de la razón, “la esfera de un pensamiento sometido a sus propias reglas lógicas frente a las imposiciones del principio de utilidad”.

En el último capítulo, el autor retoma aspectos presentados en el primero, respecto a una filosofía de la mente que aborde la relación entre libertad y conciencia, teniendo presentes los descubrimientos de las neurociencias. Un fragmento que culmina en un alegato contra el nihilismo, la indiferencia y el imperio de lo dado: “estamos obligados a interrogarnos, y a descubrir el horizonte de nuestras posibilidades” (p. 214). Todo redondeado en un epílogo que retoma la fuerza declarativa del existencialismo: “me siento arrojado en un mundo que yo no he creado” (p.217). 

Elaborar un libro académico y al mismo tiempo entrañable y dotado de un profundo sentido humanista, es algo muy difícil de lograr, y Carlos Blanco lo ha hecho. 

Diego Civilotti – 14/04/2022

“Ética para influencers” de Juan Carlos Siurana (Plaza y Valdés, 2021)

Seguramente en nuestro imaginario no hay dos conceptos más alejados entre sí que los de ética e influencer. Juan Carlos Siurana los une para hablar de ética a partir del fenómeno influencer en las redes sociales, desde la definición que ofrece: “aquella persona reconocida socialmente por ser capaz de influir de manera significativa sobre los pensamientos o las acciones de muchas otras a través de las redes sociales”.   

Siurana parte de una premisa muy interesante: para conocer los valores de una época o una sociedad, basta con analizar las personas que admiran. Un enfoque que podríamos aplicar al pasado, si pensamos  en los héroes y dioses que describe Homero, y trasladar a la actualidad, con aquellas figuras públicas a las que todos se quieren parecer, especialmente los más jóvenes, que buscan modelos a los que imitar. La pregunta ética surge casi de inmediato, al pensar qué tipo de vida están proponiendo las personas que admiramos, a lo que hay que añadir, en el fenómeno infuencer, las propias características de las redes sociales.

Sobre ese trasfondo ético-filosófico, el libro tiene una orientación claramente práctica. Tras una introducción muy breve, Siurana ofrece un mapa de la influencia a lo largo de catorce capítulos: deporte, cine y música, videojuegos y entretenimiento, moda, belleza y estilo de vida… para captar las particularidades de cada uno. Y finalmente recoge códigos éticos para influencers, pero también para seguidores, que al fin y al cabo son la otra cara de la moneda, teniendo en cuenta todas las implicaciones éticas para la sociedad. Seguramente el mapa vaya quedando obsoleto, si nos atenemos al carácter efímero de muchas de esas figuras, o a la velocidad a la que surgen nuevas, pero los elementos de reflexión que contienen todos eso capítulos nos aportan materia para pensar durante mucho tiempo. 

Merece siempre un elogio sacar la ética “a la calle”, observar los fenómenos de la actualidad desde las éticas aplicadas, con las potentes herramientas que nos ofrecen y que han ido configurando durante siglos. Este Ética para influencers lo logra, siguiendo la tendencia de otros ensayos del autor, como Ética del humor (2015) o Felicidad a golpe de autoayuda (2018).

Diego Civilotti – 7/04/2022

“Del sentir hacia el pensar: María Zambrano” de Joaquín Verdú de Gregorio (Taugenit, 2021)

El rasgo característico del pensamiento de María Zambrano es lo que se conoce como Razón poética, una búsqueda de puentes entre filosofía y poesía, y de resistencias contra los errores y desvaríos de otras racionalidades, como la razón instrumental o la razón histórica. Zambrano era muy consciente de los productos nocivos de ellas, pero también de la potencia del diálogo entre filosofía y poesía, tomados como dos lenguajes que comparten algo anterior a la separación entre ambos: la palabra. 

Este ensayo de Joaquín Verdú de Gregorio, se propone precisamente valorar el peso de esa razón poética, en diálogo con la poesía pero también con todo el abanico de lenguajes del arte. El autor reúne muchas condiciones para ser el candidato perfecto para una empresa de este tamaño; además de ser Doctor en Filosofía y tener una larga experiencia en el pensamiento zambraniano y en la filosofía hispánica, es un hombre polifacético, con trabajos de crítica literaria y cinematográfica, y para rematar, fue discípulo de Zambrano en Ginebra, en su época como profesor de lengua y literatura española en la Universidad de la ciudad. 

El ensayo se divide en 4 capítulos: “El fluir de la palabra”, “Sueño, historia y ser”, “La contienda civil y los tiempos de exilio” y “En los umbrales del amor”. Un texto que se va acompañando constantemente de la voz de Zambrano: Claros del bosque, El hombre y lo divino, Los intelectuales en el drama de España… y las reflexiones se van enhebrando desde ellos mismos, aunque no falten las vivencias y las referencias biográficas, tan atravesadas por el exilio y por fenómenos sociopolíticos del siglo pasado. 

En un texto donde abundan las citas y el cuidado por la forma literaria, Verdú logra abordar los temas de reflexión esenciales en la obra de Zambrano, como el delirio y el sueño, que giran en torno al decir poético. Es desde aquí que el ensayo nos permite entrever el pensamiento de la poesía, entendida como lenguaje humano específico, de tal modo que en la razón poética podamos buscar el origen de toda habla, y la palabra que conserva el rastro divino, que Heidegger identificaba en Hölderlin. Poesía y mística sobrevuelan constantemente el volumen, para acercarnos al universo de Zambrano desde los cimientos que lo sostienen, rastreando lo sagrado que pervive, incluso una vez que Dios ha muerto. Se trata de un texto, en definitiva, de gran belleza, pero también un ensayo que nos permite seguir abriendo caminos a partir de Zambrano, como una de las grandes filosofías encarnadas de nuestra cultura, aquellas -pocas- que no abandonan el sentir en el camino hacia el pensar.

Diego Civilotti – 31/03/2022

“Filosofía para una vida única” de Lammert Kamphuis (Maeva, 2022)

Este libro, que ha sido acogido con gran éxito en el país natal de su autor, los Países Bajos, tiene exactamente el aspecto de los libros de los que huyo. Y sin embargo, al abrirlo, uno se da cuenta de que no es ese tipo de libros. Es un éxito editorial, un libro de divulgación, que busca conectar los problemas de la filosofía con la vida cotidiana. Y sin embargo, haciendo eso, no abandona el rigor y es capaz de conservar la voz genuina de cada autor convocado.  

Platón, Sexto Empírico, Marco Aurelio, Tomás de Aquino, John Locke, Immanuel Kant, Arthur Schopenhauer, Merleau-Ponty, Roger Scruton… No hay una página en la que no se convoque alguno de los grandes filósofos de la tradición, para abordar los problemas que nos preocupan, pero el orden que sigue el texto es conceptual. El libro se estructura en tres grandes partes, que contienen cada una seis episodios.

En la primera parte, se trata la filosofía para la conexión con uno mismo desde la inquietud, el consuelo, la ira, la insatisfacción, el yo, y la muerte. En la segunda, la filosofía para la relación con los demás, desde la amistad, la fe, la duda, el sexo, el inconformismo y la ética. Por último, en la tercera parte, la filosofía para la relación con el mundo, desde el trabajo, la libertad, el ser humano, el arte, el smartphone y las cifras. Desde esa estructura, Kamphuis logra abordar prácticamente todas las cuestiones, con ejemplos sencillos de experiencias vitales concretas y cotidianas: visitar un amigo, cruzar un semáforo, buscar trabajo, enviar un mensaje de Whatsapp, sentirse atraído por otra persona… Es interesante que obras y autores se hacen explícitos en cada tema, lo cual permite al lector atravesar las miles de puertas que el filósofo holandés abre, buscando este o aquel libro, o más información sobre los filósofos que desfilan ante nuestros ojos. Incluso el autor se atreve a invitar a acciones y ejercicios concretos, que sean capaces de poner en práctica ideas de distintas corrientes y autores, tanto de la antigüedad como de la actualidad.  

Kamphuis estudió filosofía y teología y ha sido profesor de filosofía en todas las etapas educativas, incluida la universidad. Se trata sin duda de un gran comunicador de ideas y su capacidad pedagógica hace este texto muy atractivo y didáctico para cualquiera que se quiera acercar a la historia del pensamiento, o bien quiera recordar aquello que la vincula a vivencias concretas. En la preposición “para” está la clave del libro, que busca reconectar la filosofía con la vida, sin abandonar ni una ni la otra. Sin abandonar la filosofía, porque se habla desde herramientas conceptuales que conservan todo su rigor y que remiten a obras esenciales. Sin abandonar la vida, porque Kamphuis habla de ella y para ella, una vida única, porque también es una vida abierta a filosofar.

Diego Civilotti – 17/03/2022

“Filosofía y medicina” de Benjamín Herreros Ruiz-Valdepeñas (Taugenit, 2021)

Benjamín Herreros Ruiz-Valdepeñas es un autor inquieto, médico especializado en medicina interna, medicina legal y forense, licenciado en Filosofía por la UNED, profesor de bioética en la Universidad Europea y en la Complutense de Madrid, y entre otras cosas, ha dirigido dos documentales. 

No resulta extraño pues, que salga un libro así de las manos de un perfil como el suyo. Un ensayo que apuesta por un enriquecimiento fruto del diálogo entre filosofía y medicina, partiendo de la premisa de que la división entre ciencias y humanidades es artificial y equivocada, y que ese diálogo en especial lo pone de manifiesto. Por mencionar nombres que sirven de respaldo para la filosofía de la ciencia que fundamenta el texto, Jesús Mosterín, Javier Sádaba y Mario Bunge tienen mucha presencia, manteniendo la voz de cada uno, que no coincide siempre.    

Tras la introducción, en la que aborda precisamente esa cuestión a la luz de Las dos culturas, conferencia de Charles Percy Snow en 1959, el libro se estructura en tres partes. En la primera, “Una historia de amor”, se analiza la relación histórica que ha existido entre filosofía y medicina y se ofrece una pequeña bibliografía como propuesta de ampliación, que se irá repitiendo en todos los apartados del ensayo. En la segunda parte, “Medicina para filósofos”, reivindica aplicaciones de la medicina para la filosofía, como base científica, para construir una ética, para modelar el concepto de persona, para comprender mejor la dialéctica cuerpo-alma, o para conocer mejor nuestras decisiones a partir de la neuroética. La tercera parte, “Filosofía para médicos” se basa en la obra homónima de Mario Bunge, para desgranar en qué medida puede servir a un médico la filosofía: para saber qué es un médico y cuál es el objetivo de la medicina, para saber qué es la medicina (“¿un arte, una ciencia, una técnica, una disciplina humanística?”, p.191), para mejorar las decisiones éticas de la medicina, para comprender al enfermo, para detectar problemas y revelar soluciones, para gestionar mejor la muerte en aquellos aspectos ante los cuales la medicina no tiene respuesta.     

Así, Herreros pregunta al médico qué filosofía tiene, y al filósofo sobre qué filosofa, “porque la filosofía del médico (la forma de entender el mundo, de afrontar y responder las grandes preguntas y cuestiones humanas) condiciona su ejercicio profesional y porque el filósofo no puede construir su pensar en el aire, tiene filosofar sobre algo y para algo”. Un epílogo sobre el Coronavirus, tratado como urgencia médica y filosófica, cierra el volumen.        

Hay que dar la bienvenida a miradas transversales que nos demuestran que el saber es indivisible por naturaleza, si son de rigor como es el caso de este Filosofía y medicina.

Diego Civilotti – 17/03/2022

“La sociedad paliativa” de Byung-Chul Han (Herder, 2021).

De Byung-Chul Han hemos hablado en otras ocasiones en este espacio, y su obra no necesita presentación. Se trata de una estrella mediática de la filosofía, tan leída como criticada, especialmente desde el mundo académico. A poco que uno se haya acercado a sus breves ensayos, se percata de que un reducido número de ideas se reformulan, se reorganizan y se transforman en herramientas para pensar fenómenos contemporáneos. 

En el caso de La sociedad paliativa, sucede ya en la segunda página: “Vivimos en una sociedad de la positividad que trata de librarse de toda forma de negatividad. El dolor es la negatividad por excelencia”. Es decir, Han extiende su crítica sobre la violencia de la positividad en lo que denomina la sociedad del rendimiento, a fenómenos actuales como la psicología positiva o el imperativo de la felicidad, síntomas de una transformación en nuestra relación con la muerte y el dolor. Todos ellos encajan en su diagnóstico en textos anteriores: el exceso de positividad deshace la negatividad consustancial no sólo al paradigma inmunológico, sino al mismo concepto de verdad en Occidente desde la antigüedad griega, entendido como una negatividad que discrimina lo que no es. Por lo tanto, lo que propone Han es un reencuentro con el dolor originario para extraer su contenido de verdad, y compartirlo.   

El libro se divide en 11 capítulos muy breves. En el primero de ellos, el autor plantea la premisa de la “algofobia” o fobia al dolor, en el corazón de una sociedad anestesiada, incapaz de darle un significado al dolor, porque la máquina económica debe seguir funcionando. Existe una generalización, incluso una coacción, sobre los modos en los que debemos relacionarnos con el dolor: una liquidación del pensamiento y el discurso del dolor.  Eso lo aborda en el segundo capítulo, “La obligación de ser feliz”. En ocasiones, Han fuerza las categorías para atribuirle capacidades anestésicas, especialmente al hablar de la pandemia, los dispositivos digitales o la Inteligencia Artificial, desde el espíritu casándrico que denunciaba David Casacuberta. Más interesante resulta al redescubrir la dimensión cultural del dolor en el arte, la literatura o la tradición mística.        

Hay algo que desalienta en Han -y no lo que tanto se ha señalado: que la dimensión crítica opaque cualquier dimensión propositiva-. Y es que gran parte de su obra parece una introducción a su pensamiento, sin llegar a profundizar y extraer las últimas consecuencias de sus planteamientos, lo cual la debilita frente a los análisis. Precisamente, sus observaciones son detonadores de pensamiento sobre el presente que podrían llevar mucho más lejos de lo que él las lleva. En cualquier caso, Han siempre resulta difícil de situar; escapa a las tradicionales distinciones entre izquierda y derecha, en este ensayo más que nunca. Es tarea nuestra, la de los lectores, no la de catalogarlo o situarlo, sino la de discutirlo y seguir tirando del hilo.

Diego Civilotti – 10/03/2022