“Neuroética. Cómo hace juicios morales nuestro cerebro” de Lydia Feito Grande (Plaza y Valdés, 2019)

Neuroética es uno de esos libros importantes para tomar el pulso a una época, en este caso, la nuestra. La profesora de bioética Lydia Feito hace en este libro un buen ejercicio didáctico para recorrer los límites y las posibilidades de la neuroética como disciplina de disciplinas, que dialoga con muchas otras y pone en diálogo diferentes ámbitos del conocimiento humano, superando las absurdas y viejas separaciones entre humanidades y ciencias.

El punto fuerte del texto, es, además del rigor y la documentación, la claridad de estilo. Ya en la introducción Feito establece una distinción que ordena y ayuda a entender todo: habla de la neurociencia de la ética (es decir, el estudio de las bases neurales del juicio moral), por una parte; y de la ética de la neurociencia, por otra. Es decir, de los problemas éticos derivados de la investigación en neurociencia. La autora le dedica más atención quizás a la primera que a la segunda (el subtítulo no engaña) pero ambas quedan reflejadas.

Es también un punto de referencia en lengua castellana al que acudir, cuando se quiere pensar sobre cuestiones que atañen a este ámbito que tiene tan pocos años de investigación, aunque se nutra de cuestiones que están sobre la mesa desde la antigüedad.

Una premisa que la autora hace explícita (y se agradece su gran claridad) ya en el primer apartado dedicado a definir la Neuroética como campo de estudio propio, es que las neurociencias de forma generalizada apuestan por una perspectiva monista en el debate entre mente y cerebro; es decir, se acepta que el cerebro es el origen del fenómeno de la conciencia y de todos los procesos mentales, y que no hay una realidad inmaterial fuera de eso. Discutible y discutido en la filosofía actual, pero casi sin discusión en las neurociencias.

En ese mismo apartado, está muy bien expuesta la multidisciplinariedad de las ciencias cognitivas, en el hexágono cognitivo que muestra 6 disciplinas implicadas y relacionadas entre sí: filosofía, antropología, psicología, lingüística, inteligencia artificial y neurociencias.

Más allá de todas las aportaciones de la investigación neurocientífica y su aplicación en el ámbito de la ética, podemos destacar el último capítulo, “Implicaciones filosóficas de la investigación neurocientífica” donde la autora muestra un rigor, una madurez investigadora y una prudencia muy de agradecer, y sostiene que “la investigación empírica no puede determinar qué es lo correcto”, avisándonos del gran peligro del reduccionismo y la ingenuidad que supone proponer una ética universal sobre una base biológica. Es la cara siniestra del positivismo y el naturalismo actual que como hemos visto recientemente, denuncia Markus Gabriel.

Un ensayo que disfrutará cualquiera que esté interesado en la ética actual y su futuro, pero también a cualquiera que le preocupe todas las cuestiones que atañen a las ciencias cognitivas

Diego Civilotti – 21/01/2021